Para avanzar en una galería de mina, los
barrenistas hacen agujeros, barrenos, que alojarán el explosivo. Una labor
imprescindible para ganarle terreno a la montaña. Cómo irreemplazable fue la
labor que los militantes obreros hacían día a día durante los últimos años del
franquismo en Laciana y El Bierzo. Una labor silenciosa y minuciosa, a
diferencia del estruendoso ruido del martillo de barrenar, que serían los
periodos de auge de la movilización. A pesar de ello, ambas acciones coinciden,
para avanzar, hay que ir haciendo pequeños agujeros, en apariencia menores,
pero todos indispensables.
Los diseños de las plantillas de barrenos tienen
una serie de agujeros, todos complementarios y que se deben detonar de forma
escalonada. El cuele, el contra cuele, la destroza, el contorno y la zapatera.
El cuele lo componen aquellos barrenos, cargados de explosivo o no, que crean
el hueco inicial, una cara libre por la que dar salida al material que se
detonará. Esos son los militantes, la comisión organizada que va abriendo paso.
El resto, la fuerza de la clase obrera que lanza su ofensiva tras la detonación
inicial.