En
una España todavía mayoritariamente rural, las Misiones trataban de llevar la
cultura a aquellas regiones más aisladas con una clara vocación de «justicia
social». Como explicaban sus impulsores, esta consistía en «lo contrario del
aislamiento, que es la comunicación para enriquecer las almas y hacer que vaya
surgiendo en ellas un pequeño mundo de ideas y de intereses, relaciones humanas
y divinas que antes no existían».
Para
ello, las Misiones transportaban proyectores cinematográficos, bibliotecas
circulantes, gramófonos y colecciones de reproducciones artísticas. Los
misioneros procedían de ámbitos muy diversos: maestros, inspectores de
educación, escritores, médicos, estudiantes y otros voluntarios comprometidos
con la extensión de la cultura, además del personal encargado de la logística y
el transporte.

