Concluimos con este, la serie de 5 artículos en los que hemos ido viendo como el nuevo movimiento obrero que surge a raíz de la huelga de 1962 va a ir aprovechando las rendijas que deja el régimen para colarse y tratar de “reventarlo” desde dentro. Así hemos ido viendo las elecciones sindicales de 1963, 1966, 1971 y 1975 dentro del sindicato vertical. Ahora vamos a ver como ese movimiento obrero que ha sido un actor decisivo en el fin de la dictadura va a operar en el nuevo régimen democrático.
Entre el 16 de enero y el 6 de febrero de 1978 se celebran las primeras elecciones a representantes de los trabajadores tras la recuperación de las libertades, más conocidas como “elecciones sindicales”. Constituyen un momento decisivo pues de su resultado depende el futuro panorama sindical. Las Comisiones Obreras proponen candidaturas abiertas, convencidos del prestigio de sus candidatos, luchadores frente a la dictadura. UGT las quiere cerradas, convencidos del prestigio de sus siglas, vinculadas al PSOE. CCOO señala que la CEOE, UCD y el PSOE plantean las elecciones sindicales, como “puente” para sus estrategias de “consolidación o acceso al poder” y tratan de marginarlos.




