Recientemente hacíamos un viaje histórico por la primera misión pedagógica que recorrió La Cabrera,
desarrollada entre el 23 y el 30 de julio de 1932, organizada en colaboración con la comisión parlamentaria que comprobaba el subdesarrollo de esta comarca, y por su plasmación en la revista Estampa el 23 de julio de 1932.Hoy vamos a viajar a Fornela y a la misión que
recorrió el valle en el verano de 1934. Lo haremos empezando por recomendar a
nuestras lectoras y lectores algunas de las fuentes que nos han ayudado.
Especialmente, la segunda memoria publicada por el Patronato, centrada en la
misión de Sanabria (Zamora) y publicada en 1935, que nos brinda información muy
valiosa sobre aquella experiencia; así como la web de la Residencia de
Estudiantes, que permite consultar las misiones pedagógicas, las localidades
por las que pasaron y las personas que participaron en ellas, y que se puede
consultar aquí (http://cipres.residencia.csic.es/misiones/index.php). También el libro de María García,
Las misiones pedagógicas (1931-1936), publicado en 2006 y que contiene
fotografías del inspector de Enseñanza Primaria Modesto Medina Bravo, que hizo
las veces de reportero, y el blog «Viaje
pedagógico por la escuela antigua», de Francisco Trancón Pérez.
En la Memoria del Patronato se justifica la visita a
estos lugares por su situación de extrema pobreza y aislamiento, ante la que el
Patronato consideraba necesario actuar «no sólo con el bien de la palabra, el
libro y la fiesta recreadora», sino también mediante «la alimentación necesaria
a los niños, la orientación higiénica, el consejo práctico y la instalación
adecuada de la Escuela primaria». Se trataba de llamar la atención sobre «estos
lugares de España que todavía desconocen las ventajas de la civilización» y
sobre unas poblaciones a las que, por su «situación penosa», era necesario
atender «sin tardanza», especialmente en aquellos núcleos «de mayor pobreza y
aislamiento».
La misión se desarrolla entre el 26 de julio y el 4 de
agosto de 1934. La memoria recoge que «La Misión es cordialmente acogida,
especialmente en Guímara, el pueblo más alto y retirado del valle». La dirigen
los inspectores de Primera Enseñanza de la provincia Luis Vega y Julián Sánchez
Vázquez, este último encargado de la zona recorrida. A ellos se une, en
representación del Patronato, Modesto Medina Bravo, inspector de Madrid. La
misión recorre los pueblos de Peranzanes, Guímara, Chano, Trascastro, Faro,
Cariseda y Fresnedelo.
El proyecto cultural de la misión incluye audiciones
musicales y charlas, pero, sin duda, el cinematógrafo se convierte en uno de
sus grandes protagonistas. Niños y mayores pudieron contemplar, muchos de ellos
por primera vez, aquel invento de los hermanos Lumière que, durante unas noches
de verano, llevó imágenes en movimiento hasta estos pueblos tan aislados. El 27
de julio se proyectaron 4 películas en Peranzanes; los días 28 y 29, los
vecinos de Guímara pudieron disfrutar de 9 proyecciones; el 30 de julio, otras
4 en Chano; y el 31, 4 en Trascastro. Ya en agosto, entre los días 1 y 3 se
proyectaron 6 películas en Faro; el día 2, 4 en Cariseda; y el 3 de agosto,
otras 4 en Fresnedelo. En total, 35 películas que acercaron por unos días la
magia del cine a los habitantes del valle. Es interesante resaltar que, en ese
mismo año en diciembre, se desarrolla el “Cursillo Agronómico” en Ponferrada,
con la proyección de 6 películas.
Pero la labor de los misioneros no se limitó al
cinematógrafo. También organizaron charlas, conferencias y audiciones musicales,
concediendo especial importancia al contacto directo con los vecinos, a «los
ratos de charla amigable con unos y otros, los paseos por el pueblo» y al
tiempo compartido «en la era, a la puerta de sus casas», que les permitía
conocer de cerca sus formas de vida y trabajo.
Francisco Trancón comparte, además, anotaciones del
relator de la misión sobre el aspecto de las edificaciones y los pueblos:
«Edificación sencilla, de tono gris; la cal apenas se utiliza y en su lugar se
emplea el barro pizarroso. Escasez de huecos en las viviendas y, unidas a éstas
los establos y pajares. La cubierta de las casas, es, en su mayoría, de paja.
Los pueblos dan sensación de pobreza y miseria, suciedad enorme y
desconocimiento de los más elementales principios de higiene».
A ello se sumaban el analfabetismo y el atraso
cultural, especialmente entre las mujeres. No podemos olvidar que, según los
datos que hemos publicado en el artículo «Datos de analfabetismo en El Bierzo y
Laciana (1930)», a comienzos de la década de 1930 Peranzanes presentaba una
tasa de analfabetismo del 57,04 %, marcada por una profunda desigualdad de
género: frente al 36,71 % entre los hombres, entre las mujeres alcanzaba el
74,65 %.
Entre otras cuestiones, se señalan las dificultades
para retener al profesorado debido a las duras condiciones de vida: «Hoy
resulta imposible el tener maestros en esta región. No permanecen al frente de
las escuelas más de días o meses, abandonándolas al no poder soportar las
incomodidades de manutención, alojamiento y distancia a centros comunicados»,
se puede leer.
A ello se sumaba que la educación no era valorada
porque no se encontraba en ella una utilidad práctica inmediata: «Tampoco
sienten los pueblos grandemente la necesidad de la escuela y esto tiene una
lógica justificación: ¡no comen! Hay que proporcionarles antes que escuela
despensa».
Años antes de que Lodario Gavela prestase sus
servicios en el valle de Fornela, los problemas sanitarios y las dificultades
para acceder a la sanidad eran una realidad debido al aislamiento y la falta de
medios. Continúa el relato publicado por Trancón: «Hay que ir a buscar al
médico a veinte kilómetros y otros tantos hay que recorrer (siempre por malos
caminos) para ir a la farmacia. Piénsese que antes de poder dar al enfermo una
medicina hay que hacer un recorrido de 80 kilómetros en caballería o a pie, si
la época es favorable, pues las nevadas de invierno frecuentemente dejan
incomunicados estos pueblos».
Los responsables de la misión valoraron especialmente
la convivencia con la población local, con cuyos habitantes pudieron compartir
momentos y conocer de cerca sus casas, sus vidas y sus formas de trabajo.
Después de la experiencia, las conclusiones del
relator son claras y apuntan a las grandes desigualdades existentes entre territorios:
«Y después de este contacto con gentes que son de nuestro país, que son
ciudadanos del mismo Estado que nosotros, la amargura terrible de apreciar cómo
ellos no tienen nada que agradecerle a la Sociedad de la que forman parte y
cómo es de grande la injusticia de consentir que sigan viviendo en aquel estado
de abandono y pobreza».


No hay comentarios:
Publicar un comentario