Presentación

Nuestra historia, a modo de presentación

jueves, 25 de junio de 2020

De Langre a Leningrado. Vicente Moreira Picorel, un niño de la guerra


El pasado sábado 20 de junio se celebró el día internacional de las personas refugiadas. El año pasado se conmemoraban los 80 años del exilio republicano. Dos hechos que forman parte de la historia de España y que son escasamente conocidos. En ocasiones se olvida que los y las españolas tuvieron que exiliarse al término de la guerra civil y a causa de la dictadura franquista. Pero si estos elementos son poco conocidos, menos aún es el caso de las y los niños de la guerra.

Durante la guerra civil fueron miles las niñas y niños evacuados a Francia, Bélgica, Reino Unido, México o la Unión Soviética. De la provincia de León y Asturias, zonas donde estuvo instalado el Frente Norte, la gran mayoría fueron acogidos en la URSS. Muchos de ellos eran huérfanos de combatientes.

La gijonesa playa del Arbeyal cuenta con una escultura que para quienes hayan ido a pasar un día de playa, destino habitual desde El Bierzo o Laciana, posiblemente haya pasado inadvertida, mucho menos sabrán quien fue su autor. Es lógico, forma parte del desconocimiento general de nuestra historia. La estatua recuerda que el 23 de septiembre de 1937 desde el puerto del Musel un barco ponía rumbo a la URSS, a bordo iban más de un millar de niños y niñas.
En Fabero, frente a la Cruz Roja, podemos contemplar una estatua de unas manos entrelazas con la inscripción «Nunca Jamás». En granito se puede leer un rótulo que dice «A los hombres y mujeres que empeñaron su vida en la búsqueda de la libertad». Seguramente hemos pasado muchas veces por delante y no nos hemos percatado que pone, por eso es probable que desconocemos hasta quien fue su autor.

Pues bien, uno de estos hombres que dieron su vida por la libertad fue Vicente Moreira Picorel. También uno de esos cientos de niños y niñas que partieron de Gijón a la URSS, aunque su viaje había comenzado tiempo atrás. Concretamente el 26 de agosto de 1936, cuando los falangistas entran en Langre (Berlanga del Bierzo) y dos días después fusilan a su madre, Isabel Picorel. Los niños, Vicente y sus hermanos, se ven obligados a ir andando hasta Asturias, donde se encontraba su padre, minero afincado en Langre y que por entonces había dejado la pica para coger el fusil y defender la legalidad democrática de la II República Española.

En próximas entradas volveremos a hablar de él. Hoy simplemente rescatamos un artículo que la periodista Natalia Junquera publicó en el diario El País a raíz de su fallecimiento en 2009 y que hace un breve recorrido por su biografía, que por otra parte, bien merecería una película.

Vicente Moreira, 'niño de la guerra' en Rusia

Vicente Moreira Picorel dedicó buena parte de su niñez a huir de la guerra. El resto fue una búsqueda. A los 75 años encontró por fin a su madre y pudo rescatarla del lugar donde la habían arrojado sus asesinos junto a otras tres personas. Era el 8 de septiembre de 2001, y un equipo de arqueólogos y forenses voluntarios abrían por segunda vez en España una fosa común de la Guerra Civil. Vicente, según recordaba ayer su hijo Javier, dijo emocionado: "Llevaba toda la vida esperando esto. Ya me puedo morir". Falleció el 12 de mayo a los 83 años y ayer le enterraron en Donado (Zamora), en el mismo lugar al que hace ocho él llevó los restos de su madre.

La última vez que la vio, Vicente tenía 11 años. Era el 26 de agosto de 1936 e Isabel Picorel trataba de abarcar con sus brazos a sus tres hijos, los cuatro agazapados en el monte. Huían de los falangistas, que, según les habían advertido, querían detenerla para castigar a su marido, que se había unido a las fuerzas republicanas en Asturias. Al amanecer, decidió bajar al pueblo, acompañada por su hijo mayor, para recoger de su casa de Langre (León) algo de dinero. Los demás le prometieron esperarla allí, pero nunca volvió.

Isabel Picorel fue detenida, metida en un camión y asesinada en una curva en el municipio de Fresnedo junto a otras tres personas. Su hijo mayor logró escapar y regresó al monte para informar a sus hermanos de lo sucedido.

Los tres fueron a buscar a su padre. Tres niños de 11, 13 y 16 años cruzaron el frente, pidiendo comida por los pueblos, hasta llegar a Asturias. Ramón Moreira se reunió con ellos, les llevó a una casa de acogida y les habló de Rusia, un paraíso en el que comerían todos los días. Después avisó a una empleada del centro para que arreglara el viaje. Prometió ir a buscarles en cuanto terminara la guerra, pero ya no pudo. Cayó prisionero, fue condenado a 20 años de cárcel por traición a la patria y murió en 1946 sin lograr reencontrarse con sus hijos.

Vicente pasó 20 años en lo que entonces era la URSS. Primero, en Leningrado, después en los Urales, en Moscú y en Bakú, la capital de Azerbaiyán. Estudió artes plásticas, modelado y escultura. En Rusia tuvo, como le había prometido su padre, estudios y comida, pero nada más. En el relato de su peripecia, que años más tarde haría ante sus dos hijos, Vicente solía destacar aquella tragedia, la de haber crecido sin familia, sobre cualquier otra.

Volvió a España en 1956 y empezó a trabajar como profesor de dibujo en varios institutos. No dejó de pensar nunca en su madre y quiso buscarla, pero tuvo que esperar a que muriera Franco para que los que podían dar pistas sobre su paradero perdieran el miedo a hacerlo. Finalmente, en 2001, y gracias una persona que había participado en el enterramiento de los cuerpos, dio con el lugar.
Una vez encontrados los restos de su madre, volcó todas sus energías en apoyar, desde la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, a los ancianos que, como él, llevaban toda una vida buscando a algún familiar.

En abril del año pasado cumplió otro de sus sueños. Lo tituló Nunca jamás. Es una escultura realizada por él mismo e instalada por el Ayuntamiento de Fabero (León) en un lugar bien visible del pueblo. En ella, dos manos abiertas se imponen sobre un mapa de España a punto de ser devorado por la aviación franquista. Con ella pretendía que "los viejos no olvidaran lo que habían hecho y los jóvenes no volvieran a repetirlo nunca jamás".


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