Un siglo de lucha obrera en las minas del Bierzo y Laciana (1918–2018) (2/4)
Continuamos con esta serie de cuatro entregas tras la
publicación de «Un siglo de lucha obrera en las
minas del Bierzo y Laciana (1918–2018) (1/4)». En ella explicábamos que íbamos a
realizar un recorrido por un siglo de organización y lucha de los trabajadores
de la minería berciana y lacianiega, tomando como base los apuntes de la charla
«Un siglo de lucha obrera en las minas del Bierzo y
Laciana (1918–2018)», que puede verse en nuestro canal de YouTube.
Ante los primeros focos de descontento fueron las
propias empresas quienes promovieron un modelo sindical pactista y
colaboracionista: el denominado sindicalismo amarillo. Este tuvo cierta
implantación en las cuencas del Bierzo Alto y Laciana y en Ponferrada, a través
del Sindicato Católico Obrero de Mineros Españoles, impulsado
principalmente por la MSP y otras empresas mineras, aunque no consiguió
implantarse en Fabero. En Laciana encontramos, entre otras organizaciones, el Sindicato
Católico de Mineros Españoles de Villaseca, registrado el 12 de agosto
de 1918, el Sindicato Católico Obrero de Mineros Españoles de Villablino,
en 1921, y la Juventud Social Católica Obrera de Laciana,
constituida en 1923.
Frente a este modelo fue extendiéndose el sindicalismo
de clase. El Sindicato Minero Leonés (posteriormente Sindicato Minero
Castellano), que había comenzado a organizar sus primeras secciones en Santa
Lucía y Llombera de Gordón en 1915, avanzó hacia las cuencas occidentales:
los sindicatos de clase comenzaron a organizarse entre 1918 y 1919 en La
Silva, Torre del Bierzo y Ponferrada, donde en 1919 quedó
constituida una sección encabezada por Leoncio Sanz y Luis Garrote. Su crecimiento
recibió un nuevo impulso con las huelgas de 1920, los despidos
provocados por la crisis minera de 1921 y la visita a Ponferrada de Francisco
Largo Caballero.
La implantación socialista adquirió especial
importancia en Laciana, donde contribuyó a frenar el retroceso que
sufría la organización minera ugetista en el conjunto de la provincia. Desde
las primeras secciones de San Miguel de Laciana y Caboalles, registradas
en 1920, la organización se extendió por Rioscuro, Villaseca,
Caboalles de Arriba y Orallo, además de Piedrafita de Babia. Las cifras
muestran la rapidez de este crecimiento: el Sindicato Minero Leonés contaba en 1920
con 3.998 afiliados en la provincia, de los cuales 224 estaban en
Ponferrada y 24 en San Miguel de Laciana; en 1922, Villaseca
alcanzaba ya 322 afiliados, Caboalles de Abajo 86 y Rioscuro 36.
El enfrentamiento con el sindicalismo católico,
especialmente intenso en Laciana, llegó incluso al asesinato de Juan Casares,
sindicalista ugetista.
En 1923, Francisco Falagán, que sería
uno de los principales dirigentes comarcales del sindicalismo ugetista y del
PSOE, recordaría en sus memorias que el Sindicato Minero Castellano «consiguió
apoderarse de los sindicatos católicos» y que, «desaparecida esta influencia,
los obreros quedaron libres y podían asociarse a los sindicatos mineros afectos
a la UGT». Durante la dictadura de Primo de Rivera, según el propio
Falagán, los dirigentes de la UGT y el PSOE «se desenvolvían sin grandes
dificultades y se podían celebrar actos públicos». En este contexto, en 1924
Francisco Largo Caballero, secretario general de la UGT, visitó El
Bierzo.
El Sindicato Minero Castellano
vivirá una auténtica eclosión con el cambio de década. En 1930,
Cayetano Redondo, director de El Socialista, realizó
una gira por las principales cuencas mineras de El Bierzo con
el objetivo de consolidar las estructuras del SMC-UGT. Este
crecimiento se acelerará especialmente con la proclamación de la
Segunda República, que abrió un nuevo escenario político y sindical
para la organización obrera.
El sindicalismo minero tendrá como
objetivo la revolución social. En el seno del SMC-UGT
existirán dos pulsiones, que se moverán entre el reformismo socialista
y la revolución socialista, pero ambas serán partidarias,
aunque por diferentes vías, de la superación del capitalismo.
Abiertamente partidarios de la revolución social y del comunismo
libertario serán los Sindicatos Únicos Mineros (SUM-CNT),
con presencia organizada en Laciana, Matarrosa y otros puntos
de El Bierzo, aunque el caso más destacado será el del SUM
de Fabero, legalizado el 9 de julio de 1932, con Clemente
Aparicio como presidente y César Terrón como
secretario de Organización. El SUM llegó a convertirse en el eje de buena parte
de la vida social y obrera de Fabero, la única cuenca minera de España con
hegemonía anarcosindicalista, impulsando un Ateneo, biblioteca, escuela
racionalista, Juventudes Libertarias, cuadro artístico y cooperativa de consumo,
además de otras iniciativas de apoyo mutuo y organización popular.
La expansión del SMC-UGT se
apoyó también en la creación de espacios propios de organización,
socialización y formación obrera, a través de las Casas del
Pueblo y centros obreros. Se levantaron Casas del Pueblo en Santa
Cruz de Montes (1928), Villaseca de Laciana (1929), Villager (1930) y Matarrosa
del Sil (1933), mientras que en Ponferrada el
proyecto iniciado en 1930 no llegó a concluirse. A ellas se sumaron centros
obreros vinculados al sindicalismo socialista en Albares de la
Ribera, Torre del Bierzo, Santibáñez de Montes, Bembibre, San Román de
Bembibre, Toreno y Castropodame.
La consolidación de la organización obrera estuvo
acompañada desde el principio por una elevada conflictividad laboral.
En 1920, una huelga en la MSP de Ponferrada se prolongó
durante tres meses, en medio del enfrentamiento entre el sindicalismo de clase
y los sindicatos amarillos, apoyados por la Guardia Civil. Durante los años
siguientes se impulsa, entre grandes dificultades, la celebración del Primero
de Mayo. En 1930, tras la ruptura de relaciones entre
la UGT y la dictadura de Primo de Rivera, las movilizaciones irán en aumento,
en un marco de competencia entre el SMC-UGT y el SUM-CNT que
tuvo uno de sus episodios más graves en la huelga de 1932 en Fabero.
El 11 de mayo, el enfrentamiento entre huelguistas, esquiroles
y Guardia Civil terminó en un tiroteo en el que murió el minero José
Tejedo Trabada, resultó herida Germana Fernández, que
estaba embarazada, y fueron detenidas catorce personas.
Durante los años treinta, la creciente conciencia
y organización de clase, unida a la propia experiencia de los
conflictos mineros y al uso de la dinamita, desembocará en movilizaciones de
carácter cada vez más insurreccional, en un contexto europeo marcado por el ascenso
del fascismo. Fabero protagonizará la insurrección de
diciembre de 1933, mientras que la Revolución de Octubre de
1934 tendrá especial fuerza en Laciana, El Bierzo Alto y la
cuenca del Sil, donde era mayor la implantación de las organizaciones
socialistas. Tras la represión de octubre, la movilización continuará en la
lucha por conseguir la amnistía y, cuando esta sea conseguida en
febrero de 1936, por hacerla cumplir y por la readmisión de los despedidos
durante la primavera. Finalmente, tras el golpe de Estado de julio, una parte
de aquel movimiento obrero participará en la defensa de la República,
primero mediante los comités de defensa y posteriormente en el Frente
Norte.
Es importante señalar también el papel de
las mujeres en este proceso de organización y lucha obrera, muchas
veces invisibilizado en los relatos tradicionales. Ellas habían tenido un papel
fundamental en el desarrollo del hospedaje para los miles de
inmigrantes que llegaron a las cuencas con el boom minero, pero también
trabajaban directamente en las explotaciones, especialmente en los lavaderos.
Su presencia fue además clave en la organización de la solidaridad
obrera, el sostenimiento de las cajas de resistencia
y los comités de ayuda y lucha por la amnistía, o directamente
en los piquetes, como en la mencionada huelga de Fabero en 1932. Un
testimonio especialmente valioso lo encontramos en Amalia de la Fuente Peral,
trabajadora minera vinculada al SUM de Fabero, que recordaba la participación
de las mujeres en las asambleas y en las luchas obreras de los años treinta.
Sin embargo, su sueldo lo cobraba su padre y, mientras él y su hermano iban al
bar tras la jornada, ella afrontaba una doble jornada de trabajo en casa.
En definitiva, durante las décadas de
1920 y 1930 el movimiento obrero minero de El Bierzo y Laciana
pasó de una implantación débil y fragmentada a convertirse en una gran fuerza
social. El SMC-UGT y el SUM-CNT, desde
tradiciones y estrategias diferentes, compartieron un horizonte de transformación
profunda de la sociedad y de superación del capitalismo. Huelgas,
insurrecciones, lucha por la amnistía, organización de las mujeres y defensa de
la República muestran hasta qué punto el sindicalismo dejó de ser únicamente
una herramienta laboral para convertirse en uno de los principales ejes de la
vida social y política de las cuencas mineras.

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