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jueves, 8 de octubre de 2026

El sindicalismo revolucionario (SMC-UGT y SUM-CNT), años 20 y 30.

Un siglo de lucha obrera en las minas del Bierzo y Laciana (1918–2018) (2/4)

Continuamos con esta serie de cuatro entregas tras la publicación de «Un siglo de lucha obrera en las minas del Bierzo y Laciana (1918–2018) (1/4)». En ella explicábamos que íbamos a realizar un recorrido por un siglo de organización y lucha de los trabajadores de la minería berciana y lacianiega, tomando como base los apuntes de la charla «Un siglo de lucha obrera en las minas del Bierzo y Laciana (1918–2018)», que puede verse en nuestro canal de YouTube.

Ante los primeros focos de descontento fueron las propias empresas quienes promovieron un modelo sindical pactista y colaboracionista: el denominado sindicalismo amarillo. Este tuvo cierta implantación en las cuencas del Bierzo Alto y Laciana y en Ponferrada, a través del Sindicato Católico Obrero de Mineros Españoles, impulsado principalmente por la MSP y otras empresas mineras, aunque no consiguió implantarse en Fabero. En Laciana encontramos, entre otras organizaciones, el Sindicato Católico de Mineros Españoles de Villaseca, registrado el 12 de agosto de 1918, el Sindicato Católico Obrero de Mineros Españoles de Villablino, en 1921, y la Juventud Social Católica Obrera de Laciana, constituida en 1923.

Frente a este modelo fue extendiéndose el sindicalismo de clase. El Sindicato Minero Leonés (posteriormente Sindicato Minero Castellano), que había comenzado a organizar sus primeras secciones en Santa Lucía y Llombera de Gordón en 1915, avanzó hacia las cuencas occidentales: los sindicatos de clase comenzaron a organizarse entre 1918 y 1919 en La Silva, Torre del Bierzo y Ponferrada, donde en 1919 quedó constituida una sección encabezada por Leoncio Sanz y Luis Garrote. Su crecimiento recibió un nuevo impulso con las huelgas de 1920, los despidos provocados por la crisis minera de 1921 y la visita a Ponferrada de Francisco Largo Caballero.

La implantación socialista adquirió especial importancia en Laciana, donde contribuyó a frenar el retroceso que sufría la organización minera ugetista en el conjunto de la provincia. Desde las primeras secciones de San Miguel de Laciana y Caboalles, registradas en 1920, la organización se extendió por Rioscuro, Villaseca, Caboalles de Arriba y Orallo, además de Piedrafita de Babia. Las cifras muestran la rapidez de este crecimiento: el Sindicato Minero Leonés contaba en 1920 con 3.998 afiliados en la provincia, de los cuales 224 estaban en Ponferrada y 24 en San Miguel de Laciana; en 1922, Villaseca alcanzaba ya 322 afiliados, Caboalles de Abajo 86 y Rioscuro 36.

El enfrentamiento con el sindicalismo católico, especialmente intenso en Laciana, llegó incluso al asesinato de Juan Casares, sindicalista ugetista.

En 1923, Francisco Falagán, que sería uno de los principales dirigentes comarcales del sindicalismo ugetista y del PSOE, recordaría en sus memorias que el Sindicato Minero Castellano «consiguió apoderarse de los sindicatos católicos» y que, «desaparecida esta influencia, los obreros quedaron libres y podían asociarse a los sindicatos mineros afectos a la UGT». Durante la dictadura de Primo de Rivera, según el propio Falagán, los dirigentes de la UGT y el PSOE «se desenvolvían sin grandes dificultades y se podían celebrar actos públicos». En este contexto, en 1924 Francisco Largo Caballero, secretario general de la UGT, visitó El Bierzo.

El Sindicato Minero Castellano vivirá una auténtica eclosión con el cambio de década. En 1930, Cayetano Redondo, director de El Socialista, realizó una gira por las principales cuencas mineras de El Bierzo con el objetivo de consolidar las estructuras del SMC-UGT. Este crecimiento se acelerará especialmente con la proclamación de la Segunda República, que abrió un nuevo escenario político y sindical para la organización obrera.

El sindicalismo minero tendrá como objetivo la revolución social. En el seno del SMC-UGT existirán dos pulsiones, que se moverán entre el reformismo socialista y la revolución socialista, pero ambas serán partidarias, aunque por diferentes vías, de la superación del capitalismo.

Abiertamente partidarios de la revolución social y del comunismo libertario serán los Sindicatos Únicos Mineros (SUM-CNT), con presencia organizada en Laciana, Matarrosa y otros puntos de El Bierzo, aunque el caso más destacado será el del SUM de Fabero, legalizado el 9 de julio de 1932, con Clemente Aparicio como presidente y César Terrón como secretario de Organización. El SUM llegó a convertirse en el eje de buena parte de la vida social y obrera de Fabero, la única cuenca minera de España con hegemonía anarcosindicalista, impulsando un Ateneo, biblioteca, escuela racionalista, Juventudes Libertarias, cuadro artístico y cooperativa de consumo, además de otras iniciativas de apoyo mutuo y organización popular.

La expansión del SMC-UGT se apoyó también en la creación de espacios propios de organización, socialización y formación obrera, a través de las Casas del Pueblo y centros obreros. Se levantaron Casas del Pueblo en Santa Cruz de Montes (1928), Villaseca de Laciana (1929), Villager (1930) y Matarrosa del Sil (1933), mientras que en Ponferrada el proyecto iniciado en 1930 no llegó a concluirse. A ellas se sumaron centros obreros vinculados al sindicalismo socialista en Albares de la Ribera, Torre del Bierzo, Santibáñez de Montes, Bembibre, San Román de Bembibre, Toreno y Castropodame.

La consolidación de la organización obrera estuvo acompañada desde el principio por una elevada conflictividad laboral. En 1920, una huelga en la MSP de Ponferrada se prolongó durante tres meses, en medio del enfrentamiento entre el sindicalismo de clase y los sindicatos amarillos, apoyados por la Guardia Civil. Durante los años siguientes se impulsa, entre grandes dificultades, la celebración del Primero de Mayo. En 1930, tras la ruptura de relaciones entre la UGT y la dictadura de Primo de Rivera, las movilizaciones irán en aumento, en un marco de competencia entre el SMC-UGT y el SUM-CNT que tuvo uno de sus episodios más graves en la huelga de 1932 en Fabero. El 11 de mayo, el enfrentamiento entre huelguistas, esquiroles y Guardia Civil terminó en un tiroteo en el que murió el minero José Tejedo Trabada, resultó herida Germana Fernández, que estaba embarazada, y fueron detenidas catorce personas.

Durante los años treinta, la creciente conciencia y organización de clase, unida a la propia experiencia de los conflictos mineros y al uso de la dinamita, desembocará en movilizaciones de carácter cada vez más insurreccional, en un contexto europeo marcado por el ascenso del fascismo. Fabero protagonizará la insurrección de diciembre de 1933, mientras que la Revolución de Octubre de 1934 tendrá especial fuerza en Laciana, El Bierzo Alto y la cuenca del Sil, donde era mayor la implantación de las organizaciones socialistas. Tras la represión de octubre, la movilización continuará en la lucha por conseguir la amnistía y, cuando esta sea conseguida en febrero de 1936, por hacerla cumplir y por la readmisión de los despedidos durante la primavera. Finalmente, tras el golpe de Estado de julio, una parte de aquel movimiento obrero participará en la defensa de la República, primero mediante los comités de defensa y posteriormente en el Frente Norte.

Es importante señalar también el papel de las mujeres en este proceso de organización y lucha obrera, muchas veces invisibilizado en los relatos tradicionales. Ellas habían tenido un papel fundamental en el desarrollo del hospedaje para los miles de inmigrantes que llegaron a las cuencas con el boom minero, pero también trabajaban directamente en las explotaciones, especialmente en los lavaderos. Su presencia fue además clave en la organización de la solidaridad obrera, el sostenimiento de las cajas de resistencia y los comités de ayuda y lucha por la amnistía, o directamente en los piquetes, como en la mencionada huelga de Fabero en 1932. Un testimonio especialmente valioso lo encontramos en Amalia de la Fuente Peral, trabajadora minera vinculada al SUM de Fabero, que recordaba la participación de las mujeres en las asambleas y en las luchas obreras de los años treinta. Sin embargo, su sueldo lo cobraba su padre y, mientras él y su hermano iban al bar tras la jornada, ella afrontaba una doble jornada de trabajo en casa.

En definitiva, durante las décadas de 1920 y 1930 el movimiento obrero minero de El Bierzo y Laciana pasó de una implantación débil y fragmentada a convertirse en una gran fuerza social. El SMC-UGT y el SUM-CNT, desde tradiciones y estrategias diferentes, compartieron un horizonte de transformación profunda de la sociedad y de superación del capitalismo. Huelgas, insurrecciones, lucha por la amnistía, organización de las mujeres y defensa de la República muestran hasta qué punto el sindicalismo dejó de ser únicamente una herramienta laboral para convertirse en uno de los principales ejes de la vida social y política de las cuencas mineras.


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