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sábado, 18 de julio de 2026

Del martillo al fusil. Los mineros en defensa de la República (Fabero, 1936)

En febrero de 1936 el Frente Popular arrasa en Fabero con un 60,21% de los votos frente al 37,12% de la Coalición de Derechas. Los mineros conquistan así la amnistía y las cárceles se vaciarán de presos políticos.

La situación de desestabilización contra el nuevo gobierno se palpa en la zona mediante el incumplimiento de la readmisión de los despedidos y cierres patronales. Empresarios mineros como Miguel Huerta Lípiz, que será su primer Jefe, impulsan la Falange. Además, se afanan en crear un “Estado de necesidad” que justificase el golpe de Estado.

Un ejemplo sería el asesinato del joven Aurelio Marote, tras no haber encontrado a su hermano Agustín, militante del PCE, por parte de falangistas en una cantina en Vega de Espinareda.

El 18 de julio de 1936 se produce el golpe de Estado contra la legalidad republicana. En Fabero los efectivos de la Guardia Civil permanecen leales a la República pero, tras abandonar la localidad, se pasan a los sublevados. La Falange lleva meses haciendo acopio de armas y guardándolas en el sótano de los médicos Terrón en Vega de Espinareda. Por su parte, los mineros crean un Comité de Defensa antifascista, liderado por Clemente Aparicio, que organiza desde comedores populares, en el barrio de la Cortina, a la defensa del pueblo, en la zona alta del “Rebollín”. También participan en Villafranca y Ponferrada en defensa de la República, aunque con escaso éxito. El 21 de julio, con la caída de Ponferrada en manos fascistas, se repliegan a Fabero. Allí se organiza la defensa del pueblo, consiguiendo detener el avance fascista hasta en dos ocasiones durante un mes.

Entre los últimos días de julio y los primeros de agosto tienen lugar algunas incursiones nocturnas de falangistas en el pueblo, llegando a quemar algunas casas. Poco a poco la tensión va en aumento, especialmente cuando empiezan a llegar las noticias de los primeros fusilados en los pueblos bajo control falangista. El diario de la JSU, republicano, pinta en sus páginas la macabra escena:

“La carretera de Fabero a Ponferrada tiene para los transeúntes nuevos paisajes macabros. El paisaje de las sepulturas. A cada paso que se da surge un nuevo espectáculo de terror. Centenares de vidas, casi infantiles, han encontrado su muerte aquí en esta carretera.”

Finalmente, tras varios intentos frustrados, en la noche entre el 20 y el 21 de agosto unidades del Ejército y de la Falange gallega entran en Fabero y centenares de personas se ven obligadas a huir en medio de la noche.

Contingentes de huidos se dirigen en dos grupos hacia Ancares y Fornela, desde donde el Comité de Defensa se reorganiza y prepara la evacuación hacia la zona republicana más cercana, Asturias. El 24 de noviembre de 1936, 469 personas consiguen atravesar el puerto de Leitariegos para refugiarse y combatir en el frente Asturiano.

Los mineros, ahora milicianos, destacarán en batallones como el 210 del Frente Norte, que estaban nutridos, formados y dirigidos por sindicalistas de Fabero. Muchos morirán en la defensa del Mazuco.

En la zona Asturiana las organizaciones fabereneses como la CNT o las Juventudes Libertarias seguirán manteniendo las organizaciones, con reuniones y una sede en Gijón.

Quienes se quedan en Fabero, o regresan tras la caída del Frente Norte, sufrirán una represión multidireccional que va desde los paseos (asesinatos irregulares) y los juicios  sumarísimos (a partir de 1938), a las depuraciones de funcionarios, cargos electos, incautaciones de bienes y salarios o el trabajo forzado (a partir de la apertura del Campo de Trabajo en 1939). El régimen se va construyendo sobre el miedo a pesar de la desafección generalizada y continuará durante toda la dictadura.

Afectos y desafectos al régimen es una cuestión de clase. Las empresas y los empresarios carboníferos de Fabero pondrán a disposición de los golpistas sus yacimientos, otorgarán numerosas donaciones económicas en forma de carbón y colaborarán en la denuncia de trabajadores. Entre los más esplendidos donantes a la “causa nacional” se encontrará Diego Pérez. Los empresarios de El Bierzo llegarán incluso a financiar un trimotor de bombardeo, bautizado con el nombre “Ponferrada-Villablino”. Concluida las donaciones continúan. En 1941 Antracitas de Fabero hace un donativo de 2.000 pesetas para el “aguinaldo de la División Azul”.

La minería del carbón se militarizará y a los mandos de las empresas se les otorgan grados militares. Se prohíben los derechos de huelga -considerado rebelión militar-, el abandono del puesto de trabajo sería interpretado como deserción y hasta la falta de disciplina como insubordinación. Los sindicatos obreros son ilegalizados y sustituidos por el sindicato vertical franquista, de afiliación obligatoria y que agrupa a empresarios y trabajadores. La paz social de la dictadura se traduce en una caída de un 40% de los salarios.

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