Para avanzar en una galería de mina, los barrenistas hacen agujeros, barrenos, que alojarán el explosivo. Una labor imprescindible para ganarle terreno a la montaña. Cómo irreemplazable fue la labor que los militantes obreros hacían día a día durante los últimos años del franquismo en Laciana y El Bierzo. Una labor silenciosa y minuciosa, a diferencia del estruendoso ruido del martillo de barrenar, que serían los periodos de auge de la movilización. A pesar de ello, ambas acciones coinciden, para avanzar, hay que ir haciendo pequeños agujeros, en apariencia menores, pero todos indispensables.
Los diseños de las plantillas de barrenos tienen una serie de agujeros, todos complementarios y que se deben detonar de forma escalonada. El cuele, el contra cuele, la destroza, el contorno y la zapatera. El cuele lo componen aquellos barrenos, cargados de explosivo o no, que crean el hueco inicial, una cara libre por la que dar salida al material que se detonará. Esos son los militantes, la comisión organizada que va abriendo paso. El resto, la fuerza de la clase obrera que lanza su ofensiva tras la detonación inicial.
En 1976 se vive una oleada huelguística sin
precedentes en la historia de España. Sus corrientes, sin embargo, son
profundas. Provienen de las movilizaciones iniciadas en 1962. Tras haber hecho
una labor de barrenar y atacar, la clase trabajadora española da fuego a la
pega. Comienza la ofensiva.
En 1976 crisis económica y política se dan la
mano. En ese contexto, la oposición organizada, especialmente dirigida por el
PCE y el movimiento de las Comisiones Obreras lanzan una ofensiva. La
negociación de los convenios colectivos fue la palanca que impulsó la mayor oleada
de huelgas de la historia de España. Los trabajadores se oponen a la carestía
de la vida y la congelación salarial mientras presionan para evitar un régimen
continuista.
Benjamín Rubio, minero comunista de las CCOO de
Laciana, es uno de los firmantes del Manifiesto de los 100. En el que cien
destacados sindicalistas de toda España salen a la superficie. También en el
ámbito del catolicismo militante se mueven, el párroco de San Antonio en
Ponferrada, Francisco Beltrán, organiza unas jornadas cristianas en las que se
reivindica la amnistía.
La oleada de luchas que se extiende por España
comienza en Laciana y El Bierzo con huelgas en la minería, RENFE y el
transporte. El gobierno responde al paro ferroviario militarizando RENFE. A
pesar de ello, los trabajadores consiguen la conformación del Pleno de
Representantes, el primer convenio colectivo, la amnistía laboral y el fin de
la brigadilla que controlaba a los trabajadores de la empresa. En marzo unos
4.000 transportistas leoneses en paro paralizan el sector, afectando
especialmente a los transportes mineros.
Aun así, en estas comarcas el invierno caliente
se retrasará al verano y al otoño, donde se desarrollarán los principales
conflictos. La cadena de huelgas que recorre el país “se abatían sobre el gobierno
como una galerna del Cantábrico”. La politización es evidente. Mayo comienza
con un paro en el coto Wagner en el que en el escrito de reivindicaciones se
piden libertades, amnistía y participación obrera. También la ruptura del
convenio moviliza a la minería del carbón, especialmente en MSP, donde se
registran importantes huelgas durante la primavera y el verano.
El 30 de junio dimite Carlos Arias Navarro, o lo
dimiten. La decisión la precipita el movimiento obrero organizado con sus
movilizaciones a lo largo y ancho de todo el país. El rey habla por primera vez
de monarquía democrática. La oposición consigue desmontar la operación
Arias-Fraga.
En julio el nuevo gabinete liderado por Adolfo
Suárez trata de neutralizar la presión rupturista mediante gestos y
concesiones. Las CCOO califican el ejecutivo de Suarez “como los anteriores, un
gobierno de la dictadura”. Ese mismo mes celebran de forma clandestina su
asamblea en Barcelona con la participación de Benjamín Rubio y Daniel Fernández
Taladriz (siderúrgico de Roldán y dirigente de las CCOO en Ponferrada).
Mientras, 32 personalidades, entre las que destacan los bercianos Beltrán,
Álvarez de Paz, Henar Corbi, firman un manifiesto de la Junta Democrática.
Por entonces, incumplimiento empresarial de una Decisión
Arbitral Obligatoria origina un conflicto en el metal que se prolonga hasta
final de año. La inflación sin revalorización salarial se come el poder de
compra. Tras semanas de tensión, en diciembre, tras siete días de huelga con
893 obreros en Ponferrada, la patronal acepta los incrementos salariales y
negocia un convenio que será ratificado en asambleas.
Uno de los conflictos más significativos que
marca el final del verano es el de la construcción, que llega a movilizar a más
trabajadores que la propia minería. Una huelga organizada con paros, asambleas,
piquetes, encierros y enfrentamientos con la policía. En Ponferrada, las
asambleas se celebran entre el Puente Boeza y Campo para poder huir por las
fincas ante la llegada de la Policía Nacional. La represión es constante y se
producen detenciones de dirigentes sindicales como José Luis Sanchez.
El otoño concentra el momento más intenso del
conflicto en las cuencas mineras. En septiembre se producen huelgas y encierros
en la antracita berciana: en Campomanes Hermanos en Torre del Bierzo por el
despido de un administrativo; en el grupo Escandal de Matarrosa del Sil, 90
mineros se encierran en solidaridad con dos compañeros; en COFASA, con 300
mineros en paro por despidos; y en distintos grupos de la cuenca del Cua, donde
se extienden las movilizaciones. A ello se suma un encierro y movilización en
García Simón en Lillo del Bierzo en el que la Guardia Civil emplea fuego real y
da origen a la primera manifestación el día 4 de octubre en Fabero.
Ante los despidos, los trabajadores responden con
solidaridad. Son conscientes de que si echan a uno, el resto queda en una posición
de debilidad. La readmisión se convierte en una línea roja. La lucha no es solo
económica, es también una lucha por la dignidad, por el control del trabajo y
por las libertades.
El 12 de noviembre la COS (Coordinadora de Organizaciones
Sindicales, que agrupa a CCOO, UGT y USO) convoca una huelga general de 24
horas. El paro se produce 6 días antes del inicio del debate del Proyecto de
Ley para la Reforma Política. Entre 11.400 y 20.000 trabajadores se suman al
paro en la provincia de León, especialmente en las cuencas mineras de El Bierzo
y Laciana. La represión es durísima, especialmente en Roldán. El resultado de
la jornada fue un nuevo equilibrio de debilidades, no fue suficientemente
imponer la opción rupturista frente a Suarez ni tan débil como para que este no
tuviese que moverse.
El 15 de diciembre el presidente somete a
votación la Ley para la Reforma Política. La oposición sindical y política
llama a la abstención. A pesar de ello el Sí gana con 70,92% en Ponferrada y un
70,7% en Villablino, los más bajos de los principales municipios de la
provincia, pero un apoyo sin contestación. En el conjunto del país cosecha un
94,17% de apoyo.
La salida española del fascismo a diferencia de
Italia, Alemania y Portugal no tiene un carácter militar, sino que se precipita
por la lucha de masas, con la clase obrera a la cabeza.
1976 demuestra la fuerza del movimiento obrero
para condicionar el proceso político. La primavera evidencia su capacidad para
tumbar un gobierno; el otoño, a pesar de la “galerna de huelgas” que recorre
también El Bierzo y Laciana, muestra sus límites para imponer una ruptura con
el régimen. En palabras de Marcelino Camacho, no es “una ruptura neta”. Tampoco
“limpia, es una ruptura astillada”.
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