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jueves, 9 de abril de 2026

Las cartas a La Pirenaica desde El Bierzo y Laciana (1962-1963)

«Aquí Radio España Independiente, estación Pirenaica, la única emisora sin censura de Franco...». Con estas palabras envueltas entre muchas interferencias, iniciaba sus emisiones diarias “La Pirenaica”, o la “La Piri”, como la denominaban de forma cariñosa muchos de sus oyentes. La radio del antifranquismo que a partir de 1970 añadiría la coletilla a “ni del Opus DEI”.

Sus informaciones resultaron claves en momentos decisivos como las huelgas de 1962 y 1963. Tanto para la recepción de información sobre lo que estaba sucediendo en Asturias, como para alentar a su desarrollo en Laciana y El Bierzo. También como estímulo y aliento para contar lo que estaba pasando desde aquí.

La emisora se nutría en estas comarcas de un número importante de corresponsales. Algunos ocasionales, como durante las huelgas, y otros más permanentes, como en el reto de momentos. Destacan LILLO, el pseudónimo de Andrés González, desde Lillo del Bierzo, o ANTON Y TORRES, Ramiro Pol desde Villablino, o Pepe desde Ponferrada.

Las cartas salen desde El Bierzo y Laciana a direcciones de Francia, desde allí son reenviadas a Bucarest, donde está la emisora. El nombre de Pirenaica viene de que se pensaba que estaba en la frontera, para mostrar cercanía, pero en realidad estaba a miles de kilómetros, en Rumanía.

Por el contrario de lo que se pueda pensar su veracidad era alta, porque los militantes que envían denuncias de sus puestos de trabajo o de huelgas, perderían toda credibilidad con sus compañeros si cuando los vecinos o compañeros que las escuchaban viesen que los datos no se corresponden con la realidad. Incluso las propias jerarquías del régimen lo reconocen. Precisamente un ejemplo lo viviríamos con un reportaje emitido el 22 de marzo, y el 11 de abril nuevamente, cuatro días después de que estallase el conflicto en Asturias, el locutor, a través de un corresponsal de Fabero, hace una descripción precisa de la situación:

“[Las] condiciones de vida son cada día más precarias (…)”. Tras la primera emisión, el mismísimo Secretario General del sindicato vertical franquista, Pedro Lamata, pide explicaciones a la provincial de León. El Delegado leonés, lejos de desmentir la situación, reconoce que lo que afirma la radio comunista es cierto:

“En esencia, y eliminados detalles demagógicos, la situación que se asigna a los mineros de la cuenca de Fabero es real. Igual, es cierto que es intensa la emigración dentro de las más variadas formas”.

La radio sirve como catalizadora del conflicto. Llega allí donde no lo hacen las organizaciones ilegales, sirve para informar cuando los medios oficiales no dicen nada, supone un refuerzo moral a las acciones de los huelguistas, cuando estas están aparecen en las ondas, y permiten una cierta interacción entre el foco del conflicto y el resto del país.

La emisora comunista se erige como un contrapoder y el único medio. Un efecto no deseado de las huelgas es el impulso a la Pirenaica. Ante la necesidad de información, la radio comunista será la fuente a la que tengan acceso de forma masiva. Varios ministros reconocen ante Franco que el apagón informativo motivó que el público buscase información “en las radios rojas.” También para unos huelguistas que no tenían otra fuente de información.

La emisora del PCE, como un diario hablado, daba cuenta de las vivencias de la huelga. A su vez, sus mensajes y consignas son un elemento organizador y dinamizador que impulsa la solidaridad del resto de la población. Sus informes, a pesar de que puedan pecar de grandilocuencia en cuanto a los análisis, tienen “un grado de fiabilidad muy alto”. Sometido a contraste con otras fuentes, coincide con los estudios más rigurosos de la actualidad. Desde El Bierzo y Laciana la información llega con dificultades. Cómo reconocerá un informe posterior, son “fragmentarias y las cifras sobre los huelguísticas son mucho menos que las reales”. El mismo responsable de información del PCE de Ponferrada, Pepe, quema varias cartas antes de enviarlas, por miedo a ser descubierto.

Chivatos, colaboracionistas y esquiroles sufrirán aislamiento social. Además, los trabajadores se encargarán de divulgar sus nombres a través de REI.

En la primavera y verano de 1963 se vivirá una nueva oleada movilizadora. En Antracitas de Fabero se registran distintos paros. La dirección trataba de dividir a la plantilla aumentando el sueldo sólo a los picadores, despidiendo a algunos huelguistas y sancionando a otros en el pozo Julia. Las ondas de la Pirenaica van señalando a los chivatos y directivos “que tratan de quitar el pan a nuestros hijos y nuestras compañeras”. Citan al abogado de la empresa, Trigales, a Manolito, El Nacanico, al administrador Zavala o al vigilante Branca, de Corradinas. Los mineros recriminan que los desafían con la guardia civil y le advierten que “nadie les envida el oficio ni el porvenir” .

Todavía en diciembre llegan cartas con listas de los chivatos de los grupos lavaderos y fábrica de Briquetas de la Minero ese pe en Ponferrada, señalándolos con nombres, apellidos y pueblo de procedencia. Un hecho que también se repite en los grupos de Laciana, pidiendo que “dichos chivatos, deben estar vigilados por todos los compañeros”.

El señalamiento a los enemigos de clase, que se infiltraban desde dentro, trata de proteger al grupo. Muchos de los esquiroles eran al mismo tiempo chivatos, confidentes de la policía. El resto de trabajadores trata de aislarlos socialmente considerando que no eran gente formal. Estos comportamientos que tratan de sacar ventajas individuales de problemas o situaciones que afectan al conjunto, en los códigos no escritos, pero ampliamente compartidos de la sociedad minera, están penalizados con el aislamiento social.

La labor de la radio es reconocida por el grueso de los trabajadores y también por las propias jerarquías del régimen que consideraban haber ganado una batalla a La Pirenaica. El Jefe de Falange de Toreno, afirmaría: “nos han creído, han vuelto al trabajo sin hacer caso de la radio Pirenaica, y con los que estamos obligados de una manera formal para que no nos abandonen y se entreguen de nuevo en manos de los agitadores profesionales”.

Tras las huelgas de 1962 y 1963 se vive un crecimiento exponencial en el número de cartas que se envían desde Laciana y El Bierzo. Unas misivas de las que hablaremos en una próxima entrega.

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