«Aquí Radio España Independiente, estación Pirenaica, la única emisora sin censura de Franco...». Con estas palabras envueltas entre muchas interferencias, iniciaba sus emisiones diarias “La Pirenaica”, o la “La Piri”, como la denominaban de forma cariñosa muchos de sus oyentes. La radio del antifranquismo que a partir de 1970 añadiría la coletilla a “ni del Opus DEI”.
Sus
informaciones resultaron claves en momentos decisivos como las huelgas de 1962
y 1963. Tanto para la recepción de información sobre lo que estaba sucediendo
en Asturias, como para alentar a su desarrollo en Laciana y El Bierzo. También
como estímulo y aliento para contar lo que estaba pasando desde aquí.
La
emisora se nutría en estas comarcas de un número importante de corresponsales.
Algunos ocasionales, como durante las huelgas, y otros más permanentes, como en
el reto de momentos. Destacan LILLO, el pseudónimo de Andrés González, desde
Lillo del Bierzo, o ANTON Y TORRES, Ramiro Pol desde Villablino, o Pepe desde Ponferrada.
Las
cartas salen desde El Bierzo y Laciana a direcciones de Francia, desde allí son
reenviadas a Bucarest, donde está la emisora. El nombre de Pirenaica viene de
que se pensaba que estaba en la frontera, para mostrar cercanía, pero en
realidad estaba a miles de kilómetros, en Rumanía.
Por
el contrario de lo que se pueda pensar su veracidad era alta, porque los
militantes que envían denuncias de sus puestos de trabajo o de huelgas,
perderían toda credibilidad con sus compañeros si cuando los vecinos o
compañeros que las escuchaban viesen que los datos no se corresponden con la
realidad. Incluso las propias jerarquías del régimen lo reconocen. Precisamente
un ejemplo lo viviríamos con un reportaje emitido el 22 de marzo, y el 11 de
abril nuevamente, cuatro días después de que estallase el conflicto en
Asturias, el locutor, a través de un corresponsal de Fabero, hace una
descripción precisa de la situación:
“[Las] condiciones de vida son cada día más precarias (…)”.
Tras la primera emisión, el mismísimo Secretario General del sindicato vertical
franquista, Pedro Lamata, pide explicaciones a la provincial de León. El
Delegado leonés, lejos de desmentir la situación, reconoce que lo que afirma la
radio comunista es cierto:
“En esencia, y
eliminados detalles demagógicos, la situación que se asigna a los mineros de la
cuenca de Fabero es real. Igual, es cierto que es intensa la emigración dentro
de las más variadas formas”.
La radio sirve
como catalizadora del conflicto. Llega allí donde no lo hacen las
organizaciones ilegales, sirve para informar cuando los medios oficiales no
dicen nada, supone un refuerzo moral a las acciones de los huelguistas, cuando
estas están aparecen en las ondas, y permiten una cierta interacción entre el
foco del conflicto y el resto del país.
La emisora
comunista se erige como un contrapoder y el único medio. Un efecto no deseado de las huelgas es el impulso a la Pirenaica. Ante la necesidad de
información, la radio comunista será la fuente a la que tengan acceso de forma
masiva. Varios ministros reconocen ante Franco que el apagón informativo motivó
que el público buscase información
“en las radios rojas.” También para unos huelguistas que no tenían otra fuente
de información.
La emisora del
PCE, como un diario hablado, daba cuenta de las vivencias de la huelga. A su
vez, sus mensajes y consignas son un elemento organizador y dinamizador que
impulsa la solidaridad del resto de la población. Sus informes, a pesar de que
puedan pecar de grandilocuencia en cuanto a los análisis, tienen “un grado de
fiabilidad muy alto”. Sometido a contraste con otras fuentes, coincide con los
estudios más rigurosos de la actualidad. Desde El Bierzo y Laciana la
información llega con dificultades. Cómo reconocerá un informe posterior, son
“fragmentarias y las cifras sobre los huelguísticas son mucho menos que las
reales”. El mismo responsable de información del PCE de Ponferrada, Pepe, quema varias cartas antes de
enviarlas, por miedo a ser descubierto.
Chivatos,
colaboracionistas y esquiroles sufrirán aislamiento social. Además, los trabajadores
se encargarán de divulgar sus nombres a través de REI.
En la primavera
y verano de 1963 se vivirá una nueva oleada movilizadora. En Antracitas de Fabero se registran
distintos paros. La dirección trataba de dividir a la plantilla aumentando el
sueldo sólo a los picadores, despidiendo a algunos huelguistas y sancionando a
otros en el pozo Julia. Las ondas de la Pirenaica van señalando a los chivatos
y directivos “que tratan de quitar el pan a nuestros hijos y nuestras
compañeras”. Citan al abogado de la empresa, Trigales, a Manolito, El Nacanico, al
administrador Zavala o al vigilante Branca,
de Corradinas. Los mineros recriminan
que los desafían con la guardia civil
y le advierten que “nadie les envida el oficio ni el porvenir” .
Todavía en
diciembre llegan cartas con listas de los chivatos
de los grupos lavaderos y fábrica de Briquetas de la Minero ese pe en Ponferrada,
señalándolos con nombres, apellidos y pueblo de procedencia. Un hecho que también
se repite en los grupos de Laciana, pidiendo que “dichos chivatos, deben estar
vigilados por todos los compañeros”.
El señalamiento
a los enemigos de clase, que se
infiltraban desde dentro, trata de proteger al grupo. Muchos de los esquiroles
eran al mismo tiempo chivatos, confidentes
de la policía. El resto de trabajadores trata de aislarlos socialmente
considerando que no eran gente formal.
Estos comportamientos que tratan de sacar ventajas individuales de problemas o
situaciones que afectan al conjunto, en los códigos no escritos, pero
ampliamente compartidos de la sociedad minera, están penalizados con el
aislamiento social.
La labor de la
radio es reconocida por el grueso de los trabajadores y también por las propias
jerarquías del régimen que consideraban haber ganado una batalla a La Pirenaica.
El Jefe de Falange de Toreno, afirmaría: “nos han creído, han vuelto al trabajo
sin hacer caso de la radio Pirenaica, y con los que estamos obligados de una
manera formal para que no nos abandonen y se entreguen de nuevo en manos de los
agitadores profesionales”.
Tras las huelgas
de 1962 y 1963 se vive un crecimiento exponencial en el número de cartas que se envían desde Laciana y El
Bierzo. Unas misivas de las que hablaremos en una próxima entrega.
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