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Nuestra historia, a modo de presentación

sábado, 9 de mayo de 2026

Los 80 en la cuenca de Fabero, de la conquista de derechos a la defensa del empleo

Los años 80 se vivieron con un sabor agridulce en la cuenca minera. De la conquista de derechos laborales, sociales y democráticos se pasará a la defensa del empleo y la lucha frente a la amenaza de la reestructuración.


La coyuntura apuntaría a un momento dulce. La crisis energética pone en marcha el Plan Acelerado de Centrales de Carbón que se traducirá en un crecimiento de la producción y la construcción de la térmica de Anllares. Sin embargo, la convulsión en un sector que vive en crisis permanente, no dará lugar a saborearlo.

El 25 de abril de 1980 se vivirá uno de los momentos más negros de la historia de la cuenca cuando un minero de Antracitas de Marrón, Antonio Suarez “El asturiano”, se quema a lo bonzo en la plaza del Ayuntamiento de Ponferrada para pedir la libertad de varios trabajadores detenidos por un encierro en AGSA.

Un año después, el miedo acumulado en los pueblos mineros durante la dictadura reverdeció el 23 de febrero con el golpe de Estado de Tejero. La documentación sindical y política es escondida o quemada y las listas negras vuelven a apuntar a los trabajadores más comprometidos.

 

A pesar de todo, la vida y la lucha continúan en las cuencas mineras. El Plan de Restructuración de AFSA sigue sin concretarse por parte de la empresa, la situación se arrastra durante meses, dando lugar a una huelga que comienza el 25 agosto de 1981 y culminará el 1 de septiembre con la reincorporación de la plantilla, como se había acordado en el Plan de Viabilidad y tras más de 2 años de expedientes. Un plan  incumplido y la renegociación de los destajos motivarán una nueva huelga en 1982.

 

1983 será el año de la culminación de la lucha por el Estatuto Minero. En medio queda un duro proceso de movilización que profundizó la división sindical. Una guerra de cifras, cruce de declaraciones y hasta enfrentamientos físicos se vive entre las centrales. UGT es partidaria de aprobar un Estatuto rebajado con respecto a la propuesta del PSOE en la oposición, para no oponerse al ejecutivo, y CCOO de movilizarse por un Estatuto integral. Finalmente se aprobará en diciembre con un sabor agridulce y heridas en las organizaciones obreras.

 

Otra conquista será el acceso al patrimonio sindical acumulado. Tras otra larga lucha, que incluye la ocupación del edificio, en julio de 1983 los dos sindicatos tienen acceso a la Casa Sindical de Fabero.

Cada derecho, por pequeño que sea, es conquistado a base de sangre, sudor y lágrimas. En muchas ocasiones de forma literal. El 19 de noviembre de 1984, ocho mineros del grupo Río de Combustibles de Fabero fallecen por una explosión de grisú. La negligencia empresarial, las reticencias a la inversión en prevención o a implementar la figura del Comité y Delegados de Seguridad aprobado en el Estatuto Minero se traducen en accidentes. La tragedia, y las movilizaciones posteriores, supondrán un antes y un después en la seguridad minera. En mayo de 1988, tras un largo proceso judicial, se dicta la sentencia que corrobora que el accidente de COFASA fue evitable de haberse aplicado la legislación en materia de seguridad y condenó a prisión menor por imprudencia temeraria a varios responsables de la explotación por primera vez en la historia de España.

 

En torno a la mitad de los 80 todavía encontramos políticas sindicales a la ofensiva. A ello contribuye el deshielo en las relaciones entre las centrales sindicales mayoritarias ante las políticas de reconversión que el ejecutivo socialista está planteando al sector y la querella criminal por el accidente de Combustibles de Fabero en la que también participa UGT. Los mineros españoles tienen presente que las barbas de los vecinos británicos fueron cortadas y se preparan para minimizar el impacto de una reconversión que no eran capaces a contener o revertir.

 

El 14 de octubre de 1985 el Comité de Antracitas de Fabero se encierra en las dependencias de Industria de la Junta de Castilla y León. Reclaman información financiera de la empresa que se encuentra en suspensión de pagos y en huelga indefinida desde el 1 de octubre.

 

El 17 y 18 diciembre se convoca la primera huelga general unitaria en la minería española frente a la incertidumbre que vive el sector con las normas comunitarias y el Plan de Reconversión del Carbón que amenazan a la minería berciana.


En el verano de 1986 los mineros de COFASA sufren el impago de 3 nóminas por las deudas, las amenazas de cierres por la seguridad y el incumplimiento de los compromisos de renovar a los eventuales. AFSA, por su parte, solo abona la mitad del salario. Ambas compañías están descapitalizadas. COFASA presenta “situación de quiebra”.

La situación motiva una huelga de 48 horas en Fabero a mediados de julio y en toda la comarca berciana a finales de mes, que aúna al 100% de la plantillas y paraliza los pueblos. En Rey (Antracitas del Bierzo) y AGSA la respuesta es un cierre patronal. Los trabajadores están más interesados en la viabilidad de las compañías que los propios accionistas. La Junta de Castilla y León propone un intercambio de concesiones entre AFSA y COFASA.

A pesar de la crisis y los ataques que vive el sector, las luchas frente a las nuevas modalidades de contratación se vislumbrarán en las duras negociaciones de los convenios de la antracita de 1987 y 1989. Consiguiendo incrementos salariales, el sábado como día de descanso y la lucha frente a la subcontratación y los contratos temporales. En este contexto en 1989 se vivirá una de las batallas más importantes contra la subcontratación en la mina de Vitoriano González en Santa Cruz del Sil, que por entonces ya es propiedad de Victorino Alonso. La represión sindical desembocará en una huelga general en la comarca berciana en el medio de una fuerte división sindical.

Los temores que llevan años sobrevolando las cuencas mineras se confirman el 31 de octubre de 1990. Se firma la Orden Ministerial que contiene el Plan de Reordenación de la Minería del Carbón. Para muchos es un gesto de la administración para llevar al sector al cierre, como se confirmará en 1991 en Sabero. Ese año también comienzan los ajustes en las mineras de Fabero que atraviesan una grave crisis. Los años siguientes serán de fuertes movilizaciones en Laciana en 1992, en la cuenca Fabero-Sil en 1993 y en El Bierzo Alto en 1994. Un preludio de los planes del carbón que a partir de 1997 contemplan un cierre ordenado del sector ligado a una salida social y a inversiones en las comarcas.

 

 

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