Los años 80 se vivieron con un sabor agridulce en la cuenca minera. De la conquista de derechos laborales, sociales y democráticos se pasará a la defensa del empleo y la lucha frente a la amenaza de la reestructuración.
La coyuntura apuntaría a un momento dulce. La crisis energética pone en marcha el Plan Acelerado de Centrales de Carbón que se traducirá en un crecimiento de la producción y la construcción de la térmica de Anllares. Sin embargo, la convulsión en un sector que vive en crisis permanente, no dará lugar a saborearlo.
El 25 de abril de 1980 se vivirá uno de los momentos más negros de la historia de la cuenca cuando un minero de Antracitas de Marrón, Antonio Suarez “El asturiano”, se quema a lo bonzo en la plaza del Ayuntamiento de Ponferrada para pedir la libertad de varios trabajadores detenidos por un encierro en AGSA.
Un
año después, el miedo acumulado en los pueblos mineros durante la dictadura
reverdeció el 23 de febrero con el golpe de Estado de Tejero. La documentación
sindical y política es escondida o quemada y las listas negras vuelven a
apuntar a los trabajadores más comprometidos.
A
pesar de todo, la vida y la lucha continúan en las cuencas mineras. El Plan de
Restructuración de AFSA sigue sin concretarse por parte de la empresa, la
situación se arrastra durante meses, dando lugar a una huelga que comienza el
25 agosto de 1981 y culminará el 1 de septiembre con la reincorporación de la
plantilla, como se había acordado en el Plan de Viabilidad y tras más de 2 años
de expedientes. Un plan incumplido y la
renegociación de los destajos motivarán una nueva huelga en 1982.
1983 será el año
de la culminación de la lucha por el Estatuto Minero. En medio queda un duro
proceso de movilización que profundizó la división sindical. Una guerra de
cifras, cruce de declaraciones y hasta enfrentamientos físicos se vive entre
las centrales. UGT es partidaria de aprobar un Estatuto rebajado con respecto a
la propuesta del PSOE en la oposición, para no oponerse al ejecutivo, y CCOO de
movilizarse por un Estatuto integral. Finalmente se aprobará en diciembre con
un sabor agridulce y heridas en las organizaciones obreras.
Otra conquista
será el acceso al patrimonio sindical acumulado. Tras otra larga lucha, que
incluye la ocupación del edificio, en julio de 1983 los dos sindicatos tienen
acceso a la Casa Sindical de Fabero.
Cada derecho,
por pequeño que sea, es conquistado a base de sangre, sudor y lágrimas. En
muchas ocasiones de forma literal. El 19
de noviembre de 1984, ocho mineros del grupo Río de Combustibles de
Fabero fallecen por una explosión de grisú. La negligencia empresarial, las
reticencias a la inversión en prevención o a implementar la figura del Comité y Delegados de Seguridad
aprobado en el Estatuto Minero se traducen en accidentes. La tragedia, y las
movilizaciones posteriores, supondrán un antes y un después en la seguridad
minera. En mayo de 1988, tras un largo proceso judicial, se dicta la sentencia
que corrobora que el accidente de COFASA fue evitable de haberse aplicado la
legislación en materia de seguridad y condenó a prisión menor por imprudencia
temeraria a varios responsables de la explotación por primera vez en la
historia de España.
En torno a la
mitad de los 80 todavía encontramos políticas sindicales a la ofensiva. A ello
contribuye el deshielo en las relaciones entre las centrales sindicales
mayoritarias ante las políticas de reconversión que el ejecutivo socialista
está planteando al sector y la querella criminal por el accidente de
Combustibles de Fabero en la que también participa UGT. Los mineros españoles
tienen presente que las barbas de los vecinos británicos fueron cortadas y se
preparan para minimizar el impacto de una reconversión que no eran capaces a
contener o revertir.
El 14 de octubre
de 1985 el Comité de Antracitas de Fabero se encierra en las dependencias de
Industria de la Junta de Castilla y León. Reclaman información financiera de la
empresa que se encuentra en suspensión de pagos y en huelga indefinida desde el
1 de octubre.
El 17 y 18
diciembre se convoca la primera huelga general unitaria en la minería española
frente a la incertidumbre que vive el sector con las normas comunitarias y el
Plan de Reconversión del Carbón que amenazan a la minería berciana.
En el verano de 1986 los mineros de COFASA sufren el impago de 3 nóminas por
las deudas, las amenazas de cierres por la seguridad y el incumplimiento de los
compromisos de renovar a los eventuales. AFSA, por su parte, solo abona la
mitad del salario. Ambas compañías están descapitalizadas. COFASA presenta
“situación de quiebra”.
La situación
motiva una huelga de 48 horas en Fabero a mediados de julio y en toda la
comarca berciana a finales de mes, que aúna al 100% de la plantillas y paraliza
los pueblos. En Rey (Antracitas del Bierzo) y AGSA la respuesta es un cierre
patronal. Los trabajadores están más interesados en la viabilidad de las compañías
que los propios accionistas. La Junta de Castilla y León propone un intercambio
de concesiones entre AFSA y COFASA.
A pesar de la crisis y
los ataques que vive el sector, las luchas frente a las nuevas modalidades de
contratación se vislumbrarán en las duras negociaciones de los convenios de la
antracita de 1987 y 1989. Consiguiendo incrementos salariales, el sábado como
día de descanso y la lucha frente a la subcontratación y los contratos
temporales. En este contexto en 1989 se vivirá una de las batallas más
importantes contra la subcontratación en la mina de Vitoriano González en Santa
Cruz del Sil, que por entonces ya es propiedad de Victorino Alonso. La
represión sindical desembocará en una huelga general en la comarca berciana en
el medio de una fuerte división sindical.
Los temores que
llevan años sobrevolando las cuencas mineras se confirman el 31 de octubre de
1990. Se firma la Orden Ministerial que contiene el Plan de Reordenación de la
Minería del Carbón. Para muchos es un gesto de la administración para llevar al
sector al cierre, como se confirmará en 1991 en Sabero. Ese año también
comienzan los ajustes en las mineras
de Fabero que atraviesan una grave crisis. Los años siguientes serán de fuertes
movilizaciones en Laciana en 1992, en la cuenca Fabero-Sil en 1993 y en El
Bierzo Alto en 1994. Un preludio de los planes del carbón que a partir de 1997
contemplan un cierre ordenado del sector ligado a una salida social y a
inversiones en las comarcas.

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