“El Bierzo es un país plagado de apariciones esotéricas”, afirmaba el periodista Álvaro Ruibal hace ya más de medio siglo cuando en septiembre de 1970 firmaba las líneas que reproducimos a continuación en Vega de Espinareda.
En esta entrega se
centra en la profusa vida monacal que pobló El Bierzo desde los comienzos de la
Edad Media, desde San Fructuoso a su discípulo San Valerio o San Genadio. Desde
Compludo a Carracedo, pasando por Vega de Espinareda, San Pedro de Montes o
Peñalba de Santiago. Sin olvidar “los cenobios monjiles” desde San Miguel de
las Dueñas a la Anunciada de Villafranca.
“San Fructuoso es un eremita, un huido, un solitario, un inadaptado, un bohemio” diría el periodista gallego, a quien atribuye “la dispersión de la población galaica”. Aunque no nos atrevemos a aseverar tal cosa, si que compartimos que, incluso a día de hoy, “La Tebaida es hoy un itinerario sentimental.”
