Decía Marcelino Camacho que “la lucha paga”. En torno a la huelgona de 1962 se crearon las primeras Comisiones Obreras estables en el Valle de Laciana y, también, surgió un movimiento de oposición a la dictadura que sembró movilización obrera y permitió ir organizando nuevas luchas y materializando conquistas en los próximos años.
El sector del
carbón será el más numeroso y donde la organización del nuevo movimiento obrero
alcance mayor desarrollo. La Comisión Obrera de Laciana decide participar e
infiltrarse en las elecciones sindicales del año 1963. A pesar de las dificultades
esto les permite estar presentes en los órganos del sindicato vertical y
participar en el proceso de elaboración de la Ordenanza
Laboral Minera del Carbón.
La Ordenanza se elabora en un contexto de crisis del sector
antracitero. En El Bierzo Alto los informes policiales indican que “El público
no confía en las medidas del Plan de desarrollo”. Tienen motivos fundados. El
carbón de importación y los nuevos combustibles aumentan mientras la
modernización de las explotaciones no llega, la mano de obra especializada
emigra y proliferan los expedientes de
crisis. La documentación oficial habla de un descenso de 2.000 pts. en la
capacidad real de compra entre 1964 y 1967 en la provincia de León. Los medios,
sin embargo, lo silencian.
Las huelgas del verano de 1963 no habían terminado con conquistas,
pero los mineros se convierten en un problema para el régimen que trata
neutralizar con la convocatoria lanzada por el ministro de Trabajo, Romero
Gorría, para un anteproyecto de nueva Ordenanza Laboral Minera del Carbón.
El mecanismo de elaboración es a través de representantes del
Sindicato del Combustible de las distintas provincias. Las comisiones de
mineros no son admitidas, a pesar de las peticiones obreras. Se aplica el
tradicional método franquista del corporativismo y la representación por
familias, en este caso categorías profesionales.
Los picadores, por su posición en la cadena extractiva, son los
trabajadores que más poder tienen dentro de la mina, al fin y al cabo, todo el
proceso tiene un objetivo, el arranque del mineral. El Presidente del Sindicato
Nacional del Combustible había dado órdenes de que esta categoría estuviese
representada, pues son quienes más se destacan en los conflictos. El
representante leonés en la categoría de trabajadores
especialistas, que englobaba a barrenistas, picadores, entibadores,
posteadores o mineros de primera, fue Benjamín Rubio, picador y, a su vez,
Vocal Provincial.
Desde las diferentes delegaciones comarcales se enviaron
propuestas al Sindicato Provincial, que debían ser discutidas, acordadas en
León y enviadas a Madrid. Los enlaces de la MSP no son convocados a la reunión
provincial. En ello colabora la compañía que lleva tiempo organizando una maniobra para anticiparse a la Ordenanza. La empresa
modelo tenía información de que en la nueva reglamentación se preveía que
los salarios tuviesen relación con los beneficios. Y trata de “demostrar un
estado ruinoso de la empresa o poco menos”. Las jerarquías verticales son
conscientes, reconocen que la situación es completamente “anormal y no puede
servir de base para ninguna reglamentación o estudio porque partiríamos de una
base falsa”.
Por si fuese poco, delegados de El Bierzo y Laciana son excluidos
también de su participación en Madrid. Rubio se entera por la prensa de que el
conclave minero se estaba desarrollando en la capital de España y, a pesar de
haber sido elegido, no se le había notificado. Tras una serie de llamadas y
excusas por parte del Delegado de Sindicatos de León, a los tres días Benjamín
sale para Madrid. Una vez allí, José Redondo, Presidente del Sindicato Nacional
del Combustible le impide la participación, al igual que habían hecho con otros
mineros bercianos:
“No puedes participar, no lo permitiría el resto de la comisión.
Yo deseaba que estuvieras tú y otros dos muchachos de Fabero, que se
enfrentaron conmigo cuando fui a esa zona en la huelga. El resto de
representantes de los trabajadores y técnicos a nivel nacional se oponen a que
participéis, esgrimiendo que los de Fabero no pueden porque la ordenanza de la
antracita no tienen nada que ver con la de hulla, y que cuando se discuta la
ordenanza de esa rama, que participen”.
Rubio argumenta que había sido elegido por León, a lo que el
verticalista le responde que el cupo de la provincia está completo: “al negarse
los demás yo no puedo imponerlo”. Aprovechando una reunión nacional del
Sindicato Vertical, se desplaza hacía allí para pedir explicaciones al
Presidente y Delegado Nacional, que le dejan participar. No sin nuevos
problemas. A la hora de recoger la credencial un representante de León,
Aleituriaga, de Sabero, intentó sustituir a Benjamín Rubio por un vigilante de
aglomerados.
Finalmente, tras duras gestiones, consigue participar. Benjamín
intenta hacer planteamientos a la propuesta presentadas por el Ministerio y que
no habían sido debatidas en León.
El debate es
desequilibrado, “no hay una verdadera representación” por la política de boicot a las elecciones
sindicales de los mineros asturianos y la sobrerrepresentación empresarial. “Yo
era miembro de Comisiones Obreras, pero ahí participo como enlace sindical”
explica Rubio que se encuentra sólo entre “lambeculos
y capataces” de la empresa.
El sindicalista hace nuevos planteamientos al borrador, lo que
provoca una discusión con el Director de Asuntos Sociales del Ministerio y el
resto de representantes, especialmente con los de la provincia de León que le
recriminan no haberlo hecho antes. Cuestión imposible, al no haber sido
convocado.
Un debate agrio se produce en relación a los destajos cuando
empeoran las condiciones de trabajo. El representante de los técnicos, José
Castellanos, cargo de confianza de MSP, junto a otro de Hulleras de Sabero
hacen causa común. Ante la falta de acuerdo, sin el apoyo por parte otros
delegados obreros, el asunto lo corta el ministro manteniendo el borrador
original, beneficioso para la parte empresarial. La estrategia de boicot a las
elecciones por parte de los mineros asturianos impidió hacer fuerza con los
mineros de León y aprovechar el empuje que habían conseguido con las huelgas de
1962 y 1963.
Ante la situación creada Rubio hace ademán de volverse para
Villablino cuando es llamado por Redondo. El Presidente del Sindicato del
Combustible lo convence para que se quede en la reunión. Surgirán nuevas
discusiones que el ministerio zanjará dando por terminadas las deliberaciones,
informan que tanto la representación empresarial como social son meros asesores y que ellos harían el
redactado definitivo, recogiendo parte de las propuestas.
En paralelo, en Laciana se vivía un ambiente de expectación y tensión. Tres factores se superponen. La exclusión de Benjamín
Rubio ocasionó un malestar evidente entre los trabajadores, que no se disipó
hasta que se le permite asistir y, a su vuelta, informa de los resultados. Por
otro lado, el retraso en la aprobación de la Ordenanza y las nuevas jornadas de
huelgas que se vivían en Asturias pesaban en el ambiente.
Finalmente la huelga no estallará. Únicamente nos encontramos con
pequeños paros por impagos en Mina Mora de Piedrafita de Babia y huelgas de
empresa en Fabero. En ello influyen las noticias que a comienzos de mayo traen
los representantes lacianiegos, Benjamín y Luis Rubio, sobre los avances de la
Ordenanza. La empresa se compromete a hacer efectivas las mejoras conseguidas y
el 13 de mayo el Jurado de empresa fija por escrito pagas
extras completas en navidad y el 18 de julio, de 8 días en San Jose Artesano y
20 dias de vacaciones.
Los militantes obreros se oponen al paro, existe la convicción de
que en Asturias la huelga es promovida por las empresas. Entre ellos se
encuentra Vicente Duque, antiguo miliciano republicano y enlace sindical, quien
afirmaba que solo beneficiaría a la empresa por el retraso en la aprobación de
la Ordenanza. Decisión que no gustó a algunos comunistas bercianos que
cuestionan esta versión, afirmando que es lanzada por el régimen y que las
mejoras no tienen garantías. Pepe se
preguntaba retóricamente, que si eso fuese así, “¿porque llevan a los mineros a
la cárcel y no a los patronos?” o se suspende la Ordenanza en represalia. El
militante pensaba que el objetivo era aislar a Asturias, lo más combativo.
Algunas de las peticiones obreras se centraban en que los premios
(por antigüedad o asistencia) y las primas por destajos no sean absorbibles en
el aumento del salario mínimo, el vale de carbón a los pensionistas y la
protección al personal silicoso.
El 19 mayo de 1964 se aprueba la ordenanza laboral de la hulla y
en agosto se hace extensible a Asturias coincidiendo con la de la antracita. En
ellas se plasman algunas de las mejoras planteadas en las luchas previas.
Recoge aumentos en las remuneraciones, la jomada de 8 horas en el exterior, 7
en el interior y de 5, en labores realizadas completamente mojados. La nueva
reglamentación regula el comportamiento en caso de accidente mortal,
estableciendo que únicamente puede parar el grupo del fallecido, bajo la
amenaza de que la viuda pierda la compensación, que los propios trabajadores y
la empresa, pagarían. Querían acabar con la costumbre de protesta que se
produce con cada muerte. Sin embargo, en la práctica, los mineros no aceptarán
estas medidas, que consideran un chantaje y prosiguen con el ritual mezcla de
protesta y respeto.
El nuevo marco legal incluía por primera vez la seguridad y
prevención laboral y amplia los períodos de vacaciones. Pese a las
circunstancias en las que se debate, supuso una mejora en las condiciones
laborales. José Ramón Vega considera que a pesar de no conseguir todo, con la
Ordenanza “nos acogimos a muchas cosas que nos favorecían”. Establecía una base
legal sobre la que amparar sus reivindicaciones.
Aprovechando su estancia en Madrid, Benjamín Rubio consigue el
compromiso por parte del Instituto de Previsión para la construcción de un
ambulatorio en Villablino, demanda que ya había realizado la comisión obrera. A
su regreso realiza las gestiones con el ayuntamiento para conseguir la
documentación y terrenos y se desplaza de nuevo a la capital para su gestión.
El proyecto se vio frustrado en parte cuando Benjamín, en las
elecciones de 1966 no sale reelegido enlace. El centro sanitario se construyó,
se equipó con aparatos modernos que, sin embargo, no fueron utilizados al
dejarlo únicamente como consultorio y no como sanatorio. La actitud de algunos
representantes y de la propia MSP, que no le interesaba el proyecto, jugó en
contra. En ocasiones la historia no se repite, pero rima. Esta es una de ellas.
Las otras, la de que la movilización genera conciencia y derechos.

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