En los últimos años se ha extendido entre determinados sectores de la población, favorecidos por medios de comunicación, errores propios y un clima de desafección, un discurso antisindical. Algunas voces proponen quitarles financiación o incluso cuestionan su función democrática. En España durante la dictadura franquista los sindicatos de clase y democráticos fueron prohibidos. ¿Quieres conocer como le fue a la clase trabajadora berciana y lacianiega por entonces? Hagamos un breve recorrido, echemos la vista atrás, después volvamos hacían delante, para replantearnos cuál es el futuro que deseamos.
“La existencia
de sindicatos independientes y poderosos -una de las condiciones visibles de
una sociedad europea moderna- es incompatible con un sistema que obliga a los
obreros a trabajar doce horas al día, pero, ¿no fueron acaso los patrones
quienes ganaron la guerra? ¿No se levantaron Franco y los suyos en defensa de
un "orden" vulnerado, entre otras cosas, porque el poder sindical
amenazaba dar fuerza de realidad a la ley de ocho horas y otras conquistas
obreras?”
Esta reflexión
la hacía Eduardo Galeano en 1967 en la prestigiosa revista opositora Ruedo
Ibérico. Lo cierto es que con las organizaciones de clase ilegalizadas y
perseguidas y la huelga convertida en delito de lesa patria, las desigualdades sociales se incrementan durante el
franquismo. Un hecho cuando menos curioso para un régimen que había nacido con
la finalidad de erradicar la lucha de clases.
La
minería, la base económica de estas comarcas, vive un proceso de militarización
en el que el abandono del trabajo es equivalente a una deserción, la falta de disciplina es considerada insubordinación y la huelga rebelión militar.
La
paz social de la dictadura se traduce
en una caída de un 40% de los salarios. El nivel de vida se reduce a la mitad en
el periodo entre 1935 (año previo a la guerra) y 1956. 1964, el 46,1% de los hogares,
pertenecientes a familias obreras y campesinas, apenas percibía el 22% de la
renta nacional.
A las frías cifras les ponen voz los testimonios de la
época que explican que “aquí no se ganaba un duro”, teniendo que quedar algunos
meses “fiao en un
comercio”, comprando hasta la ropa a plazos. Incluso se da la circunstancia que
quienes pueden ahorrar no lo hacen “a pesetas, había que ahorrar a
céntimos... el dinero no daba para un capricho…”. Una situación que es
especialmente dura para las miles de familias que habían llegado a estas
comarcas al calor de la expansión del sector minero durante los años 40 y 50.
La MSP contribuyó a lo largo de la guerra con 700.000
pesetas para el bando golpista. Con un singular cartel, con la central térmica
en Ponferrada alardea de sus aportaciones “a la obra de liberación de España”
en el “I año de la Victoria”. Sus inversiones darán rendimientos.
En septiembre de
1936 el Diario de León recoge la propuesta de MSP para “que se trabaje una hora
más”. Considera que la escasez de mineros no le permite “cooperar al Glorioso
Movimiento Nacional”. Contribución que no se hace en base a la reducción de sus
beneficios sino del sacrificio de sus trabajadores.
El régimen se
estrena eliminando la jornada de 7 horas en la minería que había sido
conquistada durante la República. La eleva primero a 8, con la Prestación
Personal a favor del Estado, llegando a 9. Las horas extras son obligatorias so
pena de castigo. Para más inri en
1940 los mineros son privados del descanso dominical y en 1942 de las
vacaciones, que son compensadas en metálico.
El testimonio de
un minero de Laciana resulta expresivo al respecto: “Yo tengo trabajado los 365
días del año y no con 7 horas, sino con 14 a 18 horas... el día de Nochebuena
había que ir a trabajar...” Otro complementa lo anterior: “En el 51 y 52, (…)
yo tuve 215 horas al mes y gané 1200 ptas”.
El
sobreesfuerzo, la fatiga, los largos desplazamientos y la falta de sueño se
traducen en agotamiento prematuro y una larga lista accidentes. Trabajadores
que “aceptaban, como algo natural, el sacrificio de enterrar su juventud, su
salud y, en ocasiones, su vida, en la tenebrosa soledad de una mina de carbón”,
que diría Piorno en su obra.
Entre 1944 y
1959, la siniestralidad laboral se cobraba 37 muertes anuales en la minería
leonesa. El atraso del franquismo se puede ver
en la ausencia de mascarillas o el barrenado a polvo, mientras que en las minas
europeas su uso está generalizado y se barrena a agua. El racionamiento sólo
contribuye a cubrir el 35% de las necesidades básicas de los trabajadores,
según el Consejo Superior de la Minería.
Al
envejecimiento precoz se une la silicosis, secuelas de la actividad laboral. La
vivienda obrera es escasa, los trabajadores viven en condiciones de
hacinamiento, falta de higiene y sin agua corriente en casa, por lo que las
mujeres debían ir diariamente a por ella a las fuentes. El sindicato vertical
señala en informes internos las “rentas astronómicas por vivir en pocilgas
indecorosas”.
Donde unos
encontraban una mísera muerte otros disfrutarán de una rica vida. El nuevo
sistema impuesto tuvo claros ganadores y perdedores, basta con realizar una
comparativa entre los beneficios empresariales y los salarios de los obreros.
En la primera década, la rentabilidad empresarial aumenta un 13,7% y un 20,9%
en el sector bancario.
En
2019 Unai Sordo, Secretario General de CCOO, publicó el libro “¿Un futuro sin
sindicatos?”, en el que planteaba una pregunta retórica sobre un futuro en el
que la organización sindical desapareciese. Una distopía que no es tal, pues en
España durante la dictadura franquista ya se vivió y sufrió. Con la debida
precaución y la distancia prudencial podemos acertar a decir que ese sería un
futuro nada deseable.
A
pesar de las películas de Hollywood, son escasos los momentos históricos en los
que la iniciativa individual ha servido para mejorar las cosas, tanto personal
como colectivamente. Las mejoras o son colectivas o no son más que privilegios.
En
este blog hemos dedicado muchos artículos a hablar de las conquistas de
derechos y libertades. Sirva como ejemplo, que a partir de la huelga de 1962,
con el surgimiento del nuevo movimiento obrero, se empiezan a ver mejoras
palpables. Lo cierto es que entre 1963 y 1973 los salarios se doblaron. Hitos
destacados serán la consecución de la primera reglamentación del régimen
especial de la Seguridad Social para la minería del carbón, las Ordenanzas Laborales de la Minería o reformas de la
Seguridad Social que unifican seguros y pensiones, dando certidumbre a la vejez.
El
movimiento obrero que surgió en la segunda mitad del franquismo, esos
trabajadores que fueron nuestros abuelos, consiguieron la redistribución
económica y política, en la empresa y en la sociedad. Reparto de beneficios y,
aunque mínimamente, del poder de representación y negociación en la empresa. La desigualdad aumenta a medida que
el sindicalismo de clase retrocede y a la inversa, la igualdad crece a medida
que la lucha sindical avanza y los trabajadores y las trabajadoras se
organizan. El sindicalismo de clase es un avance social civilizatorio.
En un
momento en el que la ultraderecha prolifera, los derechos y el sindicalismo se
cuestionan y viejos fantasmas del pasado reaparecen, conviene recordar cómo fue
esta lucha para conquistar el Pan y la Libertad.
Explicaba Albert Camús que “la
libertad es asunto de los oprimidos y sus protectores tradicionales siempre han
salido de los pueblos oprimidos (…) las pocas libertades democráticas de las
que todavía disfrutamos no son ilusiones sin importancia, que podríamos
dejarnos arrebatar sin una protesta. Representan exactamente lo que nos resta
de las grandes conquistas revolucionarias de los dos últimos siglos.”
El Pan y la Libertad están
indisociablemente unidos pues, continuando con el escritor, “si alguien os retira el pan, suprime al
mismo tiempo vuestra libertad. Pero si alguien os arrebata vuestra libertad,
tened la seguridad de que vuestro pan está amenazado, pues ya no depende de
vosotros y de vuestra lucha, sino de la buena voluntad de un amo. La
miseria crece a medida que la libertad retrocede en el mundo, y a la inversa.”
Ejemplos cercanos los tenemos, estos son los datos, suyas las conclusiones.
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